#WeAllNeed

Germán y Margarita se conocieron en la banca sombreada de un parque, en el sur de Francia.

Germán es un horticultor de 50 años. Apenas logra vincular las palabras para formar una oración. Gordo, desaliñado y un poco infantil, es analfabeta y considerado como “el tonto del pueblo”. 

Margarita, de unos 90 años, es una apasionada por la vida. Elocuente y bastante fina, ha sido capturada por la magia de la literatura.  

Desde el momento en que se conocieron, Germán quedó sorprendido con el modo de ver el mundo que tiene Margarita; con cada palabra, ella amplía su mente estimulando su lado más intelectual. Por su parte, Margarita ve en Germán un gran corazón y decide transformarle la vida a través de la lectura.

Germán iba por la vida buscando aprecio. Margarita le otorga a Germán el valor que ni su madre le había mostrado.

Germán y Margarita son los personajes principales de la película “Mis tardes con Margarita”, que fuimos a ver como equipo todos en BANG!

Después de verla, se generó un diálogo durante la comida en la oficina. La idea inicial fue: parece que todos tenemos una aspiración a ser queridos. Entonces, surgieron las preguntas ¿será global este “sentimiento”?, ¿podemos decir que es una dependencia a los demás? ¿O será que es cierta la frase “nacemos y morimos solos”.

Sentirte valorado añade un sentido a tu existencia. Dice Leonardo Polo que no hay sociedad sin un sistema de reconocimiento valorativo. Un ser humano sin prestigio es desgraciado. Sin Margarita, Germán se siente nada.

En los juegos olímpicos, los antiguos griegos otorgaban al vencedor una corona o una estatua, que éste llevaba a su ciudad. Todo el pueblo se enorgullecía por los trofeos de sus atletas. Por la fama valía la pena competir.

Nosotros, ¿qué hacemos para darle valor a las personas que nos rodean?