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Este fin de semana viajé a Avándaro por la boda de mi amigo James. Avándaro es un pueblito pequeño en medio de la zona boscosa del Estado de México, vecino de Valle de Bravo (a sólo 5 km).

Desde que llegué y vi el lago, los altos pinos, las cabañas, saqué mi celular y tomé mil fotos que no me dejaban contento. Estaba frustrado, ¡no lograba capturar lo impresionante que era la vista!

Me habían platicado en numerosas ocasiones cómo es Valle de Bravo y el lago de Avándaro: “el mejor lugar del mundo”, “el paraíso en la tierra”, “la madre naturaleza abrazándote”, “un pueblo mágico”. Yo sólo pensaba “¿cuántas veces he escuchado esto antes?, ¿cuántos lugares en el mundo presumen ser ‘el paraíso en la tierra’? y ¿cuántos de los que hacen esa promesa en realidad lo son?”

Cuando hablamos sobre nosotros o sobre nuestras marcas, es una tentación muy grande comenzar con nuestros atributos más evidentes. ¿Será lo mejor?, ¿funcionará hablar de ese modo?

A veces compartimos la foto mal tomada en lugar de llevar a nuestros receptores a que ellos mismos descubran ese sitio impresionante.

Uno de los principios del manifiesto de Astrolab es que

Las personas valoran más las verdades a las que ellos llegan.

Les comparto este video de Claudine Cheever, CSO de Saatchi & Saatchi, en donde nos platica más sobre el storytelling y cómo las historias son una herramienta para hacer que la gente descubra por sí misma una verdad.

 

El talón de Aquiles del emprendedor

Source: yololsm.com via Oscar on Pinterest

El río Estigia era considerado en la mitología griega como el límite entre la tierra y el mundo de los muertos. Según la leyenda, el río volvía invulnerable cualquier parte del cuerpo que se sumergía en él.

De ahí que, cuando Aquiles nació, su madre intentó hacerlo inmortal. Lo tomó del talón derecho y lo sumergió en el río Estigia. A partir de entonces, Aquiles tenía un único punto vulnerable: el talón.

Aquiles creció fuerte y sano. Se convirtió en un hombre de batalla al que nadie podía vencer. Años más tarde, Paris tomó ventaja de su debilidad. Se hizo de una flecha envenenada y la clavó en su talón.

¿En qué se parece Aquiles a un emprendedor contemporáneo?

Como Aquiles, el emprendedor tiene el deseo de ser libre de las ataduras corporativas o de los ideales de alguien más y aspira a poner un negocio propio. También es insistente, visualiza un objetivo y lo persigue hasta alcanzarlo. E igual que Aquiles, el emprendedor tiene algunas debilidades; es ciego ante ciertas realidades.

La buena noticia es que, a diferencia del caso de Aquiles, éstas competencias se pueden adquirir. Me gustaría concentrarme en tres:

1) El valor de las ventas (y de los vendedores)

–”La primera vez que salí a vender, terminé vendiéndome.” decía Héctor, uno de mis amigos emprendedores. Había regalado la mitad de su producto y malbarató otra, cual taco en pasarela.

En las universidades faltan clases donde se enseñe a vender. Y si nadie nos enseña a vender, mucho menos alguien nos enseña a cobrar.

Dijo Mario del Frade, un conferencista argentino al que escuché hace unos meses: “Me asombra que nadie se quiera dedicar a vender, siendo que es la profesión que más lana te deja. La gente tiene demasiado miedo a que le digan que no”.

2) El valor de la comunicación

Ya escribió Andrés la historia de Mauricio.

Muchos salen de una carrera profesional sin la capacidad de comunicar una idea. ¡Ni hablada, ni escrita! Mucho menos por algún medio de expresión artístico. En general, los profesionistas jóvenes batallamos para comunicarnos asertivamente.

Falta educación en la comunicación, que es la base de las ventas y, así, del emprendedurismo. ¡Queremos negocios que inspiren!

3) El valor de la disciplina

La disciplina parece un concepto del siglo pasado. Yo era el primer enemigo del concepto y de su ejecución. “La disciplina es para los soldados”, decía. A golpes le he agarrado cariño.

Wikipedia define la disciplina como “responder actitudinalmente y en conducta a comprensiones e ideales más altos”. Yo creo que consiste en alinear tus estrellas; poner un poco de orden en tu vida conforme a unos objetivos que tú mismo te hayas puesto.

Eso se manifiesta en hacer lo que tienes que hacer cuando lo tienes que hacer: comprometerte. Algunos aspiran al emprendedurismo porque se imaginan levantándose a la hora que les da la gana, o “siendo jefes” mientras ellos se divierten. Suerte intentando levantar un negocio así.

¿Qué otro talón de Aquiles crees que tiene el emprendedor?