Los olores, las montañas.

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Hace apenas unos minutos, fui al baño aquí en la oficina (no te apures, no voy a contar una experiencia desagradable). Cuando entré, lo noté muy fresco; lo acababan de limpiar. Pero además de “verse” limpio, “olía” limpio. Ese olor, me trasladó de inmediato a un lugar a donde hacía mucho que no acudía. Me llevó a la primera excursión que hice a la Armenia, cerca de Arteaga Coahuila, allá por 1997.

Recuerdo que, estando allá arriba en la montaña, un amigo me compartió su loción antimosquitos. Y exactamente era el olor que respiré esta vez en el baño. Cuando recordé el olor, me vinieron a la cabeza imágenes muy agradables relacionadas con las excursiones que hice en mi adolescencia: el bosque, los ríos, los mosquitos, las nevadas, la lluvia, los “sleeping bags”, los amigos, la fogata, las tiendas de campaña, las mañanas con rocío, los pies helados, las canciones en la noche, el lodo…

El olfato es en ocasiones el sentido menos atendido y, sin embargo, es de los más poderosos. ¡Qué importante es tomar al olfato en cuenta para los que nos encargamos de compartir o hacer sentir experiencias!

¿Recuerdas alguna historia reciente que tenga que ver con el olfato?