Las cinco de “la mala suerte”

Dicen que un día se puede pintar de rojo cuando te levantas con el pié izquierdo. Yo quisiera agregar un par de momentos y sentimientos a la anterior experiencia de fortuna. Igual y logremos posicionar alguna de éstas y eliminar el “pié”, que ningún sentido hace y sólo discrimina a los zurdos.

Y acá van.

¿Por qué no poner “Levantarse al son del graznido de un pato”? Ese desesperante “cuak-cuak” agudo y grave que no deja de acrecentar la ira día tras día cuando uno vive en la ciudad… Si no es universal, podríamos poner mejor “el sonido que emita cualquier animal”. De hecho, yo mismo tengo una respuesta automática y –así como los perros- maldigo a las madres de todo el mundo cada vez que empieza un sonido repetitivo. Todos lo hacemos ¿apoco no? En esta categoría se incluirían alarmas de carros olvidados, música, gente “cantando” al son de un karaoke, entre otras cosas.

El segundo lugar se lo lleva “el celular a deshoras”. Ya que te levantó el pato, perro, gato, auto, karaoke o cualquier otro sonido exterior, estás a punto de quedarte dormido otra vez y suena el teléfono. Es tu mamá que sólo quiere ver si estás bien: “¿cómo estás mijito?, ¿bien?, me quedé con pendiente porque ayer llegaste tarde…” No es que mi madre sea así. Si lo fuera, apagaría mi celular. Pero sí que me han hablado otras personas y es de lo peor. Mala suerte número dos.

Tercera. ¡La típica! “En el baño no hay agua caliente”. Acá no hay qué describir más: el sentimiento es universal. Conozco tres personas en el mundo que se bañan con agua fría… dos de ellos carecen de sano juicio. Tener que entrar a ducharse con agua fría es de esos signos que explicitamente indican el infortunio. Yo me pongo a rezar cuando me pasa. ¡No vaya ser que después choque!

Y la cuarta es esa: “situaciones que tengan qué ver con el tráfico o con tu auto”. O chocas o sales de tu casa y la batería del auto misteriosamente está descargada –aún y cuando la acabas de cambiar por una nueva-; o los semáforos te tocan –todos- en rojo; o señoras al celular se cruzan por tu camino sin hacer señales; o estacionas tu auto recién lavado cerca de la sobra de un árbol y, en menos de 15 minutos, lo encuentras lleno de popó de pájaro; o no encuentras estacionamiento en la UDEM.

Y el quinto y último sería –podría ser- relacionado con tu ropa. Cuando ya parece que nada más te puede salir mal, se te caen los tostitos con queso sobre la camisa que estrenabas ese día, se te rompe el pantalón en medio de la universidad o, peor aún –y acá quizá sonará familiar- derramas accidentalmente el café sobre la corbata favorita.

La lista de situaciones relacionadas con la mala suerte continuará en otro blog que se llame “negatividad”. Ahí incluiremos la corrupción, la burocracia, la pobreza, los terremotos, las marchas y manifestaciones de los últimos días, los diputados plurinominales, algunos locutores de radios y sus esposas, la crisis económica, entre otras cosas. Pero como premoniciones es feliz y siempre versa sobre estupideces menos condenadas, quizá nunca veas esa lista aquí.