La verdad sobre el proceso electoral (parte I)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todo empezó con una carta:
“La Comisión Estatal Electoral te convoca a ser funcionario de casilla.”

Desde el inicio, la tomé como una especie de reconocimiento. Bueno, no me he ganado la lotería, pero sí un viaje a Indianápolis para ver el Súper Bowl. Ésta podría ser la siguiente de muchas, pensé.

– “¿Estás dispuesto a participar?”, me preguntó la señorita Rosy en ese momento.
– “Sí”, respondí, sin saber mucho de lo que se trataba.

COMO PULPO EN EL GARAGE

Siempre me he considerado apático de/hacia la política. Ese juego nunca lo he sabido jugar. A mí me gusta “comprometerme con la gente y cumplir de verdad”. Nada de diplomacias, nada de rodeos. Soy un hombre que intenta ir al grano. Sin embargo, este proceso lo viví diferente por ser elegido.

Había otra cosa que me hizo intrometerme en todo el aparato de las elecciones: las redes sociales. Fueron las primeras elecciones en México en las cuales la ciudadanía participó activamente como un medio de información más. Y vaya que la gente habló de política. Todos juzgaban, todos eran politólogos expertos. A eso sí jugamos muchos.

Disfruté evaluando cada estrategia, cada campaña. Y aunque Ale dice que soy malo en la pericia y el Risk, estoy seguro que se equivoca. Para la clase de semiótica en la maestría que curso, diseñamos nuevas propuestas para la estrategia de los 4 candidatos. Todas estuvieron mejores que las actuales (modestia, aparte).

Por ahí de el último día de mayo recibí la carta de confirmación:

“Serás secretario de casilla.”

– “No te preocupes -me dijo Rosy- es el mejor puesto”
– “Ah, ¿sí?”
– “Ya verás que te vas a divertir”
– “Oye, pero, ¿no es el que trabaja más?”
– “Nombre, para mí que es de los mejores cargos”
– “Ah, bueno, ¿dónde firmo? …Oye -agregué- pero no podré ir al ensayo general, porque es el día de mi cumpleaños, ¿no importa?”
– “¡Nah!, mucha gente ni va”
– “Bueeeeno…”

MALA NOCHE

Un día antes del 1ero de julio, llovió en Monterrey. De hecho, granizó. Por un lado nos cayó muy bien porque refrescó bastantito. Pero en mi casa se fue la luz y dormí… quiero decir, medio dormí.

Y me levanté de ese “medio sueño” como zombie. Desayuné unos pan cakes hechos por mi papá. Al cuarto para las 8 ya estaba en mi casilla. Llegué y me presenté con Eva.

EL MERO DÍA

– “Hola, soy Oscar, secretario de la comisión”
– “¿De la básica o de la contigua?”
– BLANK
– “¿Oscar? ¿básica o contigua?”
– “¿Qué?”, dije, mientras ella tomó su lista y dijo.
– “Mmmm… Contigua, allá.”

Ya estaban ahí Gustavo, escrutador 1; y Roberto, escrutador 2. Me presenté con ellos.

– “Oscar, secretario.”

También estaban otros señores y señoras que parecían saber lo que hacían, así como algunos otros que se formaban en la fila. Saludé a todos.

De pronto llegó Erick, con una caja enorme. Nada que ver con los modelos de caja que nos llevaron al curso. Éstos eran mucho pero mucho más grandes.

Erick, de unos 30 años, se presentó, sacó el material de la caja y nos repartió las cosas para que comenzáramos a trabajar.

La mesa ya estaba conformada: Erick, presidente; Gustavo, escrutador 1; y Roberto, escrutador 2; y yo, secretario. El promedio de edades: 25. ¡Primer punto a favor!

Poco antes de las ocho, Eva nos pidió nuestros nombramientos.

– “Y ¿si no lo traje?” dije como si estuviera en 3ero de primaria.
– “Pues… vas por él… o, que alguien te lo traiga”.

Ya eran las ocho. La gente quería votar.

Corte directo a Oscar llenando el acta. Corte directo a la gente aplaudiendo para hacer presión, como si estuviéramos en el estadio o en algún concierto de Intocable. Corte directo a todos los medios llegando.

¡ALTO!

– “¿Por qué llegarían los medios?”, pregunté.
– “¿No sabes? Medina votará aquí
– “WHAT!”

Esta historia continuará…