Just do it

“The way to get started is to quit talking and start doing” Walt Disney

La semana pasada me tocó volver a las labores de diseñador gráfico. Sofi, nuestra diseñadora estrella, salió de viaje y me dejó su cachucha.

Al principio, cuando solicitó sus vacaciones por una semana y media, me asusté. Probablemente mi imaginación mostró las peores escenas de una mala película de drama.

En BANG! tenemos la política de que cualquiera se puede tomar vacaciones pagadas, mientras su trabajo esté resuelto y lo pida con anticipación. Así que no me quedó mucho más que cumplir mi palabra.

Aún así, cuando alguien se va, siempre sucede que otro paga el precio. Por eso mi primera reacción fue el temor: y ¿qué vamos a hacer?, ¿qué pasará con todo ese trabajo? Me acordé entonces de una frase de Daniel, que se la robó a su suegro: “déjate llevar” (no es exacta o literal, pero eso significa).

Me daba miedo la chamba de operación, pues mucha parte de mi tiempo se va en trabajo burocrático, reuniones, juntas, revisiones, responder a casos de crisis, llamar a mis clientes.

Como estoy acostumbrado a eso, muchas veces pienso que para hacer el trabajo pesado, necesito un momento especial. Algo así como llegar al nirvana -no a ese bar de aquí de Monterrey- o como sucede cuando esperas el momento perfecto para dar el primer beso.

Y la mera verdad es que esos momentos nunca llegan por accidente. Los momentos se crean. Es obligación y responsabilidad del empresario, del empleado, de cualquier persona que trabaje, sacarle tiempo al tiempo para realizar ese trabajo de escritorio o de calle. Ése al que tememos, al que buscamos sacarle la vuelta.

Los mexicanos en especial tendemos a hacer este tipo de trabajo el día anterior o incluso cuando quedan pocas horas para la entrega final. Y, claro, luego andamos sufriendo sacando todo con las patas.

Pero en realidad es tan fácil como dejar de lado el “cerebro de lagarto” como diría Seth Godin y hacerlo. “Just do it”, dirían nuestros amigos Nike. Sólo hace falta tomar una decisión correcta.

Piénsalo. Cuando dudes en ir al gimnasio o no por la mañana, en hacer esa llamada tediosa, en saludar a alguien, en sentarte a leer, en concentrarte a pensar, a escribir y hacer las cosas más humanas.

En realidad no se necesita mucha inspiración. Probablemente los primeros pasos serán cansados, pero poco a poco llegarás a la luna -o algún lugar cercano-. Hay dos cosas que, según Harvard Business Review, te pueden ayudar:

1) La música correcta

Busca en Grooveshark algún nuevo género, algo tranquilo o quizás algo electrónico. A mí las letras me distraen mucho por eso la música correcta es, por ejemplo, música clásica.

2) El entorno adecuado

Una oficina con la decoración adecuada, un escritorio limpio y ordenado. Todo el ambiente puede afectar a que tu “mood” mejore o empeore.

Y yo agregaría un tercero:

3) Trata de apasionarte con lo que haces.

Encuéntrale a las cosas un sentido profundo que te mueva y entonces harás las cosas con más ganas. Ya verás cómo le encuentras color a lo que era blanco y negro.