Inspirar(te)

Tienes razón cuando relacionas el éxito con la capacidad de inspirar. Y, sí, los griegos estaban en la verdad: la inspiración puede ser entendida como un arrebato de los dioses.

Pero la inspiración también se puede provocar o estimular. La necesidad ha sido por excelencia el modo de provocar la inspiración, ya lo decía Platón “la necesidad es la madre de la invención”. Pero “la necesidad” se puede entender de muchos modos. Por eso, te voy a decir lo que a mí me funciona:

1. Sal de tu zona de confort

A veces nos atoramos pensando que sólo hay una respuesta correcta para solucionar los problemas -creo que se lo debemos a un sistema educativo que aún no descubre al hombre-. Y no es cierto. Generalmente hay muchas soluciones a los problemas, pregúntale a Edward de Bono.

Salir de nuestra zona nos ayuda a liberar nuestra cabeza, a pensar “fuera de la caja”. Para ser verdaderamente inspirador, para encontrar ese “por qué” profundo que rija nuestra comunicación y nuestro modo de pensar, que despierte el interés en las cosas importantes, es bueno salir. Visita museos, lee, haz deporte, escucha música diferente -escucha en general-, date un respiro y ríete de ti mismo.

2. Reta los procesos

Una vez que detectas que los zapatos no tienen que ser negros, que las ciudades pueden tener otros sistemas de transporte, que las categorías con las que sueles trabajar podrían estar mejor organizadas, haz una lluvia de ideas que provoque lo alterno, lo aleatorio. Te recomiendo leer poesía. La poesía es, generalmente, aleatoria.

A mí me sirve hacer conexiones. Conectar lo que está desconectado. Relacionar lo que no está relacionado: una sandía y un reloj; un celular y un pájaro; una avellana y un bigote.

2.5 Detecta

Es tedioso pero “después de la tormenta siempre llega la calma”. Después de la lluvia de ideas, detecta“qué” es lo relevante, “cómo” y “por qué” es relevante. Generalmente aquí es cuando encontramos las nuevas soluciones, ésas que inspiran.

3. Mueve mentes y corazones

Ahora sí. Comparte tu idea arrolladora, esa que mueva -que motive- las mentes y también los corazones.

Decías que todos somos únicos. Pues a todos debes lograr sembrarles “la espinita”. Genera curiosidad en su interior. Ya lo decíamos, haz que se interesen con un poco de misterio. Y provoca coraje -una actitud pro-activa, diría Covey-, que les haga tomar riesgos.

4. Estimula a la acción

Algunas empresas de innovación, califican sus proyectos con el “factor de felicidad” -y no tiene nada que ver con última campaña de Coca-cola-. Si el factor de felicidad de mi producto o servicio no es más grande que “x” o es cuestionable, entonces lo tiro, lo deshecho.

Estimular a la acción es hablar en infinitivo, “hacer que las cosas sucedan”. Te recomiendo leer aScott Belsky, el fundador de Behance, que es un experto en la materia. Si no te funciona también les puedes enseñar el video del fuá.

5. Festeja

Francisco Azcúnaga, ex-rector de la UDEM, me dijo una cosa que se me quedó muy grabada: festeja. Festeja cada evento importante de tu vida y de los que te rodean, porque así le añades valor a los pequeños detalles de la vida. Y los haces memorables.

Pero no gastes. Aplica el “de traje” -saca tu lado más regiomontano- y que cada quien lleve lo suyo. Un empresario multimillonario la aplicaba y a cada invitado le pedía que llevara algo, no más de unos cuántos dólares y así armaba todas sus fiestas.

No pretendo ser dogmático ni hablar de reglas, ennumerar estos tips es un modo de dar valor. Ojalá que te ayuden a sacarles el ¡wow! a tus alumnos. Y que te recuerden como uno de esos grandes maestros.

Foto por Ian Sobolev