Cuando NO contar una historia

storytelling

Mis amigos me escuchaban con atención. Estábamos en la cubierta del barco, en medio del caribe, 28 grados centígrados y cerveza en mano, mientras yo llegaba al clímax de la historia. De pronto, olvidé por qué había empezado a contarla. Sentí un pánico escénico seguido de sudor frío en la frente. Mi historia no tenía ningún punto. En un parpadeo, perdí la atención de la mayoría.

Ahora que las historias se ha vuelto tan populares, parece que toda experiencia es una historia y que cualquier momento es bueno para divulgarla. Sin embargo, las historias tienen ciertos elementos y estructura que uno debe respetar para que tengan fuerza, además de eso hay momentos que son mejores que otros.

En el blog de Astrolab, comparto 6 ocasiones en las que NO conviene contar una historia.

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