La clave para promover nuevos hábitos en tu organización

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En mi artículo anterior, uno de los usos que enumeré sobre las historias -el storytelling- es ayudar a generar hábitos. Como cualquier idea novedosa y diferente, algunos reaccionan con escepticismo cuando les cuento sobre ese poder.

–Mejor ni me hables sobre formar hábitos. Deja que otros hablen de eso.

Mi respuesta solía ser un argumento.

–Cuando escuchamos una historia, se encienden en el cerebro las mismas neuronas que en el emisor. Esos estímulos hacen que conectemos de manera más poderosa y que podamos sentir las emociones como propias. De ese modo descubrimos en la historia la moraleja y eso nos lleva a desear repetirla.

Pero un argumento lleva a otro argumento. Un argumento no genera conversación, sino debate.

Para ser congruente, ahora cuento la siguiente historia:

En una compañía, buscaban mejorar el compromiso de los empleados. Las encuestas de ese año arrojaban que los empleados querían sentirse escuchados, pero los directores llevaban meses intentando cambiar y no veían por donde. En ese momento pensaron en ’storytelling’ como una posible solución. Después de un diagnóstico, salieron varias historias que dejaron ver algunos patrones. Se seleccionaron las mejores y se mostraron a los directores.

La que les llamó más la atención fue la siguiente:

“Hace unos días fui a la oficina de mi jefe para contarle una situación de nuestro departamento que me traía preocupada. Cuando llegué, él estaba atendiendo un asunto importante en su laptop. Pensé en irme y buscarlo en otro momento pero, cuando me vio inquieta en la puerta, me invitó a entrar. Me dijo que me sentara frente a él, cerró su laptop, la hizo un lado y me escuchó con atención. En menos de 20 minutos, vimos varias maneras de resolver la situación inicial. Eso me hizo sentir tomada en cuenta y aliviada.”

Los directores se quedaron mudos ‘por qué no me había dado cuenta’, ‘yo no suelo cerrar mi computadora cuando la gente llega a mi oficina’, ‘¡¿por qué no hacemos esto mismo?!’ Sonaba tan lógico.

Un año después, se hizo un ejercicio de recolección de historias para medir cómo iba la organización. Había un patrón: los ejecutivos habían empezado a dejar a un lado sus laptops para escuchar a sus colaboradores cuando éstos acudían a sus oficinas con un problema.

El mundo está lleno de historias como éstas que nos dan las respuestas que estamos buscando y nos ayudan a cambiar hábitos. Muchas veces sólo falta escucharlas y prestarles atención.