La Huasteca

Cada vez que voy a la Huasteca, me enamoro más.

No sé, me recuerda al Señor de los Anillos versión árida. O un corto que grabé en la carrera, o las veces que iba a hacer rappel con Arawaks; al huracán Alex, los viajes a Saltillo o Monterreal.

Ayer salí con mis amigos a festejar el natalicio de Benito Juárez y el inicio de la primavera. Fue un día caliente, el primero de muchos, así que compramos cerveza, clamatos y encendimos el carbón.

Les dejo algunas fotos de las montañas.

Adiós despedidas

Vista del cerro desde mi oficina

Sin más avisos, nos levantamos esa mañana. Mi mamá nos acompañó en el desayuno y nos despidió con un beso. “Me avisan cuando lleguen al DF y a Indianápolis”, agregó al final en su papel de madre y esposa respectivamente.

Despertamos a Tuiry, mi hermano mayor, quien nos llevó al aeropuerto. Eran como las 4.30 de la madrugada. En el camino nos contó sus planes para Friday Social Scene, se quejó de no tener boleto para el Super Bowl y otras cosas. Yo, callado, saque mi brazo izquierdo por la ventana para sentir el aire fresco. Era un día especialmente húmedo. El tiempo me hizo estornudar.

Siempre que salgo de la ciudad, me quedo con la imagen del Cerro de la Silla, por eso agrego esta imagen que tomé apenas hace algunos días desde mi oficina. Me gusta de Monterrey que hasta las montañas están ahí para la despedida.

Adiós.

 

16 cosas simples disfrutables (parte 1)

Para combatir la negatividad del post anterior en donde escribía sobre las 10 cosas simples que detesto. Ahora escribo 16 cosas simples disfrutables.

1. Llegar a un restaurante (o a cualquier lado) y que te atiendan con una sonrisa.

2. Quitarte los zapatos cuando llegas a tu casa.

3. Ganar cualquier cosa, hasta lo más barato.

4. Un sueño profundo y reparador.

5. Pastel de cumpleaños (aunque sea un pedacito).

6. Llegar a un bar y darte cuenta que hay 2×1

7. Las albercadas y las carnes asadas en Monterrey.

8. Las texturas suaves.

9. Lo que está bien diseñado (un buen edificio, un buen coche, una buena botella, un buen gráfico).

10. La llamada inesperada de un amigo(a).

11. Sentirte parte de un grupo o una cultura.

12. La verdadera empatía: tener a alguien a quien entiendes y que te entiende.

13. Los reencuentros.

14. Los viajes que salen bien (y los que salen mal también).

15. Darte cuenta que tienes una nueva suscripción en tu blog.

16. Cuando la persona que te gusta te dice que le gustas de vuelta.

Gracias a todos por su apoyo. El buen contenido seguirá fluyendo mientras ustedes estén aquí.

10 cosas simples que me desesperan (parte 1)

1. Mantener una conversación por msn.

2. Encontrar el inicio perdido en una cinta scotch.

3. Que me “etiqueten” en la foto de un producto.

4. Despertar en medio de una noche fría con ganas de ir al baño. Peor si fue por un mosquito zumbando en el oído.

5. Desatar un hilo, cordón o cuerda que está súper amarrado.

6. Los “cadeneros”. Hacer filas.

7. Gente que se sordea para pagar una deuda.

8. Las texturas picosas como las de los pinos de Navidad artificiales.

9. Las blackberrys y las pc’s.

10. Los que, por vicio, se sienten con la autoridad de dar órdenes.

 

De la inspiración a la acción

Dejé pendiente el punto número cinco cuando escribí: Vender(te) la respuesta. Se trata del 99% restante, aquéllo que pasa después de la inspiración y que lleva las buenas ideas a la acción.

Más que un argumento, el punto número cinco consiste en dos personajes y algunas preguntas que te quiero presentar.

Mira. Ahora que comienzo a escribir de nuevo -y creo que aplica de una forma similar cada vez que “ejecuto” cualquier tarea- se interponen en mi camino algunos “fantasmas“. Creo que nos pasa a todos. Es como parte de nuestra programación humana.

El primer fantasma es el Sr. Swaheid, lo acabo de bautizar así. Él es el típico “cuate de hamaca” al que le da flojera todo. Nunca cierra la puerta, ni sube la tapa del baño, no habla porque gasta las palabras, no se levanta porque se desgasta. Es de los que permanece sentado en una mecedora afuera de su casa mientras ve el mundo pasar. Y, cada vez que se aparece, me dice en un tono pasivo: “¿a dónde vas?, ¿para qué sales?, ¡ni quién te vaya a escuchar!, ¡mejor quédate sentado, como yo!, ¡mírame! soy muy feliz.” A veces incluso habla más agresivo “se van a reír de ti”, “te vas a meter en problemas“.

Seth Godin le dice “el cerebro de lagarto” porque es el que siempre amplía los miedos y nos presenta mil excusas para dejar de hacer lo que queremos. Por ejemplo, en las mañanas, cuando estoy más modorro, mi cerebro a veces presenta las 15 razones por las cuales no debo salir temprano a ejercitarme. Swaheid significa flojera en algunas tribus de África.

El segundo fantasma es el Sr. Strimen. Él es el crítico, el amargado. A diferencia de Swaheid, Strimen aparece siempre a última hora y es hiperactivo; siempre tiene objeciones; siempre da la contra. Strimen es hyper-perfeccionista. Su carta de presentación es “muévele aquí“, “todavía puedes cambiarle acá” o “¿apoco entregarás eso?“. Aparece vestido de traje, pero sólo son apariencias. Por dentro es pura podredumbre. De hecho, hay quienes dicen que el Sr. Strimen es Swaheid disfrazado. Hay quienes creen que son como dos extremos que se tocan.

Y ahora sí la pregunta, ¿cómo le haces tú para deshacerte de estos fantasmas y llevar las ideas a la acción?, ¿conoces otros fantasmas?, ¿qué nos recomendarías a los que tenemos un temperamento más idealista y nos enfocamos más en la inspiración que en la acción?

Por cierto, ¿cómo te fue en tu primera clase?, ¿alguna experiencia que quieras compartir?

Inspirar(te)

Tienes razón cuando relacionas el éxito con la capacidad de inspirar. Y, sí, los griegos estaban en la verdad: la inspiración puede ser entendida como un arrebato de los dioses.

Pero la inspiración también se puede provocar o estimular. La necesidad ha sido por excelencia el modo de provocar la inspiración, ya lo decía Platón “la necesidad es la madre de la invención”. Pero “la necesidad” se puede entender de muchos modos. Por eso, te voy a decir lo que a mí me funciona:

1. Sal de tu zona de confort

A veces nos atoramos pensando que sólo hay una respuesta correcta para solucionar los problemas -creo que se lo debemos a un sistema educativo que aún no descubre al hombre-. Y no es cierto. Generalmente hay muchas soluciones a los problemas, pregúntale a Edward de Bono.

Salir de nuestra zona nos ayuda a liberar nuestra cabeza, a pensar “fuera de la caja”. Para ser verdaderamente inspirador, para encontrar ese “por qué” profundo que rija nuestra comunicación y nuestro modo de pensar, que despierte el interés en las cosas importantes, es bueno salir. Visita museos, lee, haz deporte, escucha música diferente -escucha en general-, date un respiro y ríete de ti mismo.

2. Reta los procesos

Una vez que detectas que los zapatos no tienen que ser negros, que las ciudades pueden tener otros sistemas de transporte, que las categorías con las que sueles trabajar podrían estar mejor organizadas, haz una lluvia de ideas que provoque lo alterno, lo aleatorio. Te recomiendo leer poesía. La poesía es, generalmente, aleatoria.

A mí me sirve hacer conexiones. Conectar lo que está desconectado. Relacionar lo que no está relacionado: una sandía y un reloj; un celular y un pájaro; una avellana y un bigote.

2.5 Detecta

Es tedioso pero “después de la tormenta siempre llega la calma”. Después de la lluvia de ideas, detecta“qué” es lo relevante, “cómo” y “por qué” es relevante. Generalmente aquí es cuando encontramos las nuevas soluciones, ésas que inspiran.

3. Mueve mentes y corazones

Ahora sí. Comparte tu idea arrolladora, esa que mueva -que motive- las mentes y también los corazones.

Decías que todos somos únicos. Pues a todos debes lograr sembrarles “la espinita”. Genera curiosidad en su interior. Ya lo decíamos, haz que se interesen con un poco de misterio. Y provoca coraje -una actitud pro-activa, diría Covey-, que les haga tomar riesgos.

4. Estimula a la acción

Algunas empresas de innovación, califican sus proyectos con el “factor de felicidad” -y no tiene nada que ver con última campaña de Coca-cola-. Si el factor de felicidad de mi producto o servicio no es más grande que “x” o es cuestionable, entonces lo tiro, lo deshecho.

Estimular a la acción es hablar en infinitivo, “hacer que las cosas sucedan”. Te recomiendo leer aScott Belsky, el fundador de Behance, que es un experto en la materia. Si no te funciona también les puedes enseñar el video del fuá.

5. Festeja

Francisco Azcúnaga, ex-rector de la UDEM, me dijo una cosa que se me quedó muy grabada: festeja. Festeja cada evento importante de tu vida y de los que te rodean, porque así le añades valor a los pequeños detalles de la vida. Y los haces memorables.

Pero no gastes. Aplica el “de traje” -saca tu lado más regiomontano- y que cada quien lleve lo suyo. Un empresario multimillonario la aplicaba y a cada invitado le pedía que llevara algo, no más de unos cuántos dólares y así armaba todas sus fiestas.

No pretendo ser dogmático ni hablar de reglas, ennumerar estos tips es un modo de dar valor. Ojalá que te ayuden a sacarles el ¡wow! a tus alumnos. Y que te recuerden como uno de esos grandes maestros.

Foto por Ian Sobolev

Vender(te): La respuesta

Preliminar.

Andrés Oliveros y yo estamos iniciando un “Proyecto Maestro” (del que no podemos hablar todavía, salvo que seas Andrés u Óscar).

Andrés es un tipo balanceado: lee, hace ejercicio y come bien. Es como todos los mensajes en letritas blancas que ponen en los anuncios de TV combinados en una sola persona. Además, es notoriamente divertido, quiere ser hipster -si no me creen, vean su reloj- y toca la guitarra como un semi-semidios. Imagínate el mejor guitarrista del mundo. ¿Ya? Bueno, Andrés se sienta a comer en la misma mesa con él.

También es escritor y sabe, como yo, que la vida es muy chida. Por eso, busca hacer puras cosas que le gusten. Piensa principalmente como humanista, con una visión de la Historia (y de las leyes) muy estructurada. Pueden descubrir más acerca de él en Mondoli, su blog.

Él explica en qué consistirán nuestras siguientes entradas. Haz click aquí para averiguarlo.

Te lo adelanto. Le escribo a él y a ti también.

Andrés.

Te voy a decir algo simple que aprendí sobre vender: ya no está de moda. Creo que se lo aprendí a Daniel Macías, mi socio en BANG!

Nadie quiere vender y, sobretodo, nadie quiere que le vendan. ¡Qué flojera! Ya no tenemos tiempo para eso.

A todos nos ha pasado. El clásico vendedor que llega a casa vendiendo mil y un maravillas: la nueva crema que te tanea como si hubieras estado en la playa por dos o tres meses, el gel que adelgaza, el método de lectura rápida… ¡Le cierras la puerta!, ¡sal!, ¡no me interesa!

Más aún, los vendedores -los malos vendedores- ahora hasta regalan conciertos, pases al cine y hasta vacaciones para que los escuches un momento.

Recopilaré cuatro grandes ideas que funcionan en mi campo y, por lo que veo, en todos los campos. Ojalá te sirvan. Cuando los leas verás que vender puede sustituirse por invitar. Invitar es mucho más a gusto.

1. Trabaja duro (me lo enseñó la vida)

Sólo de ese modo tendrás algo de valor para dar. No han descubierto una manera más fácil. O trabajas o trabajas.

Y parece evidente. Nadie sigue y nadie compra lo que no vale. Tú mismo lo decías ayer: dale valor a lo que haces.

2. Sé interesante, no perfecto (se lo aprendí a Seth Godin)

Es imposible ser perfecto y mantenerlo -no es humano- y es, de hecho, aburrido. Puedes pretender ser perfecto por un tiempo pero, en el momento en que bajes la guarda y dejes de serlo, la gente dejará de creer en ti.

Es mejor ser interesante. Cuando eres interesante, mantienes fresco ese misterio que te permite dejar de ser interesante por un tiempo y ¡no importa! la gente esperará por ti. El interesante se enfoca en darle textura a las cosas, en las relaciones interpersonales, en la persona.

En conclusión, sé interesante e interésate en los demás.

3. Sé un visionario (me lo dijeron Jens Martin Skibsted y Rasmus Bech Hansen)

La gente muestra interés cuando puede ser guiada por una mente con una visión clara del mundo, con una estructura de valores única y una cultura que enriquece.

Esa visión tiene que estar integrada y ser consistente a lo largo del proyecto -o de la clase, en tu caso-; es la que va a provocar, es el poke.

4. Inspira (del maestro Simon Sinek)

Los grandes líderes, los que inspiran, se comunican de una forma especial. Simon Sinek lo explica muy bien con su “Golden Circle”, y me recuerda un poco a mis clases de filosofía o periodismo: ¿por qué?, ¿cómo? y ¿qué?

De acuerdo con este modo de pensar, todos sabemos al 100% “qué” es lo que hacemos, es lo más superficial, lo más notorio; algunos saben “cómo” lo hacen, los procedimientos, los procesos; pero muy pocos saben “por qué” lo hacen: ¿por qué me levantan cada mañana?, ¿por qué hago lo que hago? Como resultado de esto, la mayoría de la gente se comunica de afuera hacia adentro, empezando por el “qué“. Son pocos los que hablan, piensan y actúan de adentro hacia afuera.

Sinek usa el ejemplo de Apple:

“Si Apple fuera como todas las demás, su mensaje de mercadeo diría algo así: “Fabricamos computadoras geniales. Están muy bien diseñadas, son sencillas y fáciles de usar. ¿Quieres comprar una?” No. (…) es poco inspirador. Apple realmente se comunica así: “En todo lo que hacemos, creemos en el cambio del status quo. Creemos en un pensamiento diferente. La manera como desafiamos el status quo es haciendo productos muy bien diseñados, sencillos y fáciles de usar. Sencillamente hacemos computadoras geniales. ¿Quiere comprar una?” Completamente diferente, ¿verdad?”

La gente no compra los qué’s, sino el porqué.

Yo te preguntaría ¿por qué te despiertas cada mañana?

Piénsalo, seguro los profesores que recuerdas trabajaban duro, eran interesantes y visionarios, personas con la capacidad de inspirar.

Le Peuple Migrateur (Winged Migration)

FACT: Los docus están de moda. ¡No hay vuelta de hoja!

Y ahora que se realizan varias “semanas de documentales” oficiales, quiero presentarles una reseña que realicé para mi clase de TVII con Shara Lange.

Le Peuple Migrateur, por Oscar Ramírez

“La historia de las aves migratorias es la de una promesa… la promesa de regresar. Si realizan viajes, con frecuencia de miles de kilómetros, expuestos a grandes peligros; si cruzan sobre las más altas montañas, extensos océanos, ardientes desiertos; si se enfrentan a inclemencias, es para responder mejor a una necesidad: sobrevivir”. Jaques Perrin.

Le Peuple Migrateur, de Jaques Perrin, es un documental -“una leyenda de la naturaleza”- que muestra el viaje migratorio de las aves.

Ya había visto este documental hace unos tres años y lo había encontrado espectacular. Aproveché, por eso, la oportunidad que se nos presentó en clase de tv para rentarlo otra vez. Y, después de horas de búsqueda sin fruto en las tiendas de video locales, decidí verlo por Internet.

A pesar de la mediana calidad de YouTube, el filme es un verdadero agasajo a los sentidos, un homenaje a la creación. En el mismo, se muestran admirabilísimas tomas aéreas, terrestres y marítimas de los siete continentes: ciudad y campo, desierto y nieve, desde la Muralla China hasta la Torre Eiffel, Brasil, Canadá, Guinea Francesa, India, España, Kenia, Estados Unidos, Nepal y Polonia.

Gracias a estas mismas tomas, el director logra hacernos sentir como un ave más o, quizás sería más correcto decir, convierte al ave en persona. Esta experiencia se completa con el apoyo de los variados sonidos de ave que acompañan la extraordinaria pieza musical de Bruno Coulais (que nos recuerda Microcosmos o Les Choristes). Es increíble la manera en que se utiliza este recurso, pues pareciera son las aves mismas quienes van creando la música.

El filme es un justo medio entre lo narrativo y lo meramente documental; entre lo artístico y lo meramente didáctico. Nunca había visto tantas historias, tantos personajes –de hecho no sabía que existían tantas especies de aves-, en una composición tan espectacular.

Me impactó el dramatismo que nos deja ver el director en el “climax” de la película, en donde de pronto un cazador dispara y aniquila a algunos de nuestros “personajes”, seguida por la toma de las fábricas y los desperdicios tóxicos o las jaulas con animales de la última parte. Nos muestra allí la manera en que el hombre mismo representa uno de los principales peligros de esta lucha por la supervivencia (sí, el discurso de Avatar no es nuevo).

El final es también impactante y suave: sorprendente el ave que consigue escapar por su propia cuenta en el Amazonas. Lo suficientemente conmovedor para mirarlo otra y otra vez.

Las cinco de “la mala suerte”

Dicen que un día se puede pintar de rojo cuando te levantas con el pié izquierdo. Yo quisiera agregar un par de momentos y sentimientos a la anterior experiencia de fortuna. Igual y logremos posicionar alguna de éstas y eliminar el “pié”, que ningún sentido hace y sólo discrimina a los zurdos.

Y acá van.

¿Por qué no poner “Levantarse al son del graznido de un pato”? Ese desesperante “cuak-cuak” agudo y grave que no deja de acrecentar la ira día tras día cuando uno vive en la ciudad… Si no es universal, podríamos poner mejor “el sonido que emita cualquier animal”. De hecho, yo mismo tengo una respuesta automática y –así como los perros- maldigo a las madres de todo el mundo cada vez que empieza un sonido repetitivo. Todos lo hacemos ¿apoco no? En esta categoría se incluirían alarmas de carros olvidados, música, gente “cantando” al son de un karaoke, entre otras cosas.

El segundo lugar se lo lleva “el celular a deshoras”. Ya que te levantó el pato, perro, gato, auto, karaoke o cualquier otro sonido exterior, estás a punto de quedarte dormido otra vez y suena el teléfono. Es tu mamá que sólo quiere ver si estás bien: “¿cómo estás mijito?, ¿bien?, me quedé con pendiente porque ayer llegaste tarde…” No es que mi madre sea así. Si lo fuera, apagaría mi celular. Pero sí que me han hablado otras personas y es de lo peor. Mala suerte número dos.

Tercera. ¡La típica! “En el baño no hay agua caliente”. Acá no hay qué describir más: el sentimiento es universal. Conozco tres personas en el mundo que se bañan con agua fría… dos de ellos carecen de sano juicio. Tener que entrar a ducharse con agua fría es de esos signos que explicitamente indican el infortunio. Yo me pongo a rezar cuando me pasa. ¡No vaya ser que después choque!

Y la cuarta es esa: “situaciones que tengan qué ver con el tráfico o con tu auto”. O chocas o sales de tu casa y la batería del auto misteriosamente está descargada –aún y cuando la acabas de cambiar por una nueva-; o los semáforos te tocan –todos- en rojo; o señoras al celular se cruzan por tu camino sin hacer señales; o estacionas tu auto recién lavado cerca de la sobra de un árbol y, en menos de 15 minutos, lo encuentras lleno de popó de pájaro; o no encuentras estacionamiento en la UDEM.

Y el quinto y último sería –podría ser- relacionado con tu ropa. Cuando ya parece que nada más te puede salir mal, se te caen los tostitos con queso sobre la camisa que estrenabas ese día, se te rompe el pantalón en medio de la universidad o, peor aún –y acá quizá sonará familiar- derramas accidentalmente el café sobre la corbata favorita.

La lista de situaciones relacionadas con la mala suerte continuará en otro blog que se llame “negatividad”. Ahí incluiremos la corrupción, la burocracia, la pobreza, los terremotos, las marchas y manifestaciones de los últimos días, los diputados plurinominales, algunos locutores de radios y sus esposas, la crisis económica, entre otras cosas. Pero como premoniciones es feliz y siempre versa sobre estupideces menos condenadas, quizá nunca veas esa lista aquí.