El reto de las fotos

Además de la cuesta, en enero se respira una fuerte atmósfera de crecimiento gracias a todas las nuevas metas que nos proponemos. Éstas nos motivan y nos inspiran a ser más felices. A mí el año nuevo me agarró medio en curva y es fecha que sigo haciendo mis resoluciones (¡nunca es tarde!).

El domingo pasado, hablaba con mi novia por whatsapp mientras estaba recostado en mi cama. Parte de lo bueno/malo de ese servicio es que tus interlocutores no pueden notar tu estado físico (ni siquiera oír tu voz) pero por alguna razón quise ser muy sincero y saqué en la conversación que todavía estaba echado en mi cama, en pijamas. A mi novia se le ocurrió decirme:

– A ver, mándame una foto.
– ¡Ni de chiste! Voy amaneciendo.
– Ándale, quiero verte.
– No te voy a mandar una foto.
– ¡Ay! Apoco te da pena…

Click, photo, send. Mandé una foto impersonal en donde no aparecía mi cara.

– ¡Cómo! ¿Sin cara?
– Sí, sin cara.
– Ahora una de tu cara.

Me convenció.

A pesar de que salía demacrado después de una desvelada profunda, a mi novia le encantó el detalle. Y se le ocurrió una idea. ¡¿Por qué no nos mandamos fotos diarias para recordar todos los días?!

Foto-del-dia

Me sonó a un artículo de Gretchen Rubin que sugiere 7 razones por las cuales las fotos pueden ser un detonador/detonante de felicidad. Yo las resumí a 5:

1. Las fotos nos hacen recordar a las personas, actividades y lugares que nos gustan.

2. Las fotos nos hacen recordar momentos de nuestra historia.

3. Las fotos nos ayudan a coleccionar cosas que no podemos guardar/tener.

4. Tomar fotos incentiva a ser más creativo.

5. Tomar fotos ayuda a dar un propósito extra a tu día.

¡¿Por qué no adquieres este u otro propósito junto con tu novia o amigos?!

Del consumo a la participación

Decimos que dos cabezas piensan mejor que una; que la creatividad se fomenta rebotando las ideas con los demás, pero ¿cuántas veces lo llevamos a la práctica? Piensa: ¿cuántas decisiones tomaste en equipo hoy?, ¿una?, ¿tres?

Parece que la colaboración está por todos lados, pero cuando nos ponemos a pensar mmm… pues no tanto.

Wikipedia define la colaboración como “cualquier proceso donde se involucre el trabajo de varias personas en conjunto; tanto para conseguir un resultado imposible o difícil de obtener individualmente, como para ayudar a conseguir algo a quien por sí mismo no podría”.

En las universidades está de moda trabajar colectivamente. Recuerdo que cuando recién regresé a Monterrey después de estudiar Filosofía en el DF, se me complicaba compartir mis ideas. Cuando es premiado solamente el talento individual, salir de la esfera de cristal se vuelve difícil.

–”Maestra, ¿y si prefiero trabajar solo?” me atreví a decir alguna vez.
–”Imposible. En esta universidad aprenderás a trabajar en equipo.”

Vaya que batallé con mis primeros equipos de la carrera en Comunicación, en donde el pan de cada día era el trabajo colectivo. Siempre intentaba imponer mi opinión o mi estilo. Ahora vivo del trabajo grupal. Y puedo decir que ¡me encanta!

Sin embargo, la colaboración va más allá que los trabajos en equipo universitarios. Hace unos días, acudí a la conferencia del CEDIM en Camino Real. La colaboración fue uno de los puntos más importantes de la charla impartida por David McGaw, senior manager en Strategy Lead, una firma consultora de innovación en Chicago.

En definitiva se refería a algo más allá de las colaboraciones entre profesionistas de un mismo campo. Él hablaba de participación entre diversos ramos de la ciencia, de las artes, de la cultura, y también de la participación con los clientes. ¿Cuántas veces le preguntamos a nuestros “clientes” cómo podemos mejorar?, ¿cuántas veces trabajamos en conjunto con ellos para crear un mundo mejor?

Si tu producto o servicio trata de solucionar un problema humano –el 97% de los trabajos son así-, pues qué mejor que partir desde el ser humano, ¿cómo es?, ¿qué le gusta hacer?, ¿qué cosas le mueven?

De ahí que ahora se habla cada vez más de la participación interdisciplinaria y la participación para-con los clientes. Se trata de provocar “el cambio de una relación pasiva entre consumidor y fabricante, al compromiso activo de todos en crear experiencias que sean significativas, productivas y rentables”, como dice Tim Brown, CEO de IDEO.

Cualquier producto o servicio que entienda al consumidor como un ser que tiende a ir más allá de sus límites, que trasciende, y lleve esta filosofía a la práctica, tendrá un verdadero impacto sobre la humanidad, pues realmente resolverá sus preguntas y problemas más fundamentales.

Por eso, en lugar de usar la palabra “innovación” –que ya suena trillada-, deberíamos usar colaboración; en vez de “consumidor”, participante de una experiencia.

Tips para mantener una actitud de novato

Una junta en el antiguo BANG!, hace un año.

Mi trabajo se ha convertido en una continua conversación con diseñadores, programadores, clientes, los clientes de mis clientes, con el mundo en general. Incluso conmigo mismo y contigo. Todo el día, todos los días. Mi blog es parte de esa conversación.

Gran parte del tiempo me debo comunicar efectivamente con los demás. Y me encanta. Por algo estudié Comunicación. Creo en la importancia de expresarme, decir o escribir lo que pienso. En realidad es una tarea que todos deberían practicar a diario. ¡Qué difícil se puede convertir a veces!

Y eso que ahora tenemos más medios. Con las redes sociales parece que la conversación se incrementa. Lo cierto es que muchas veces, gracias a estas nuevas herramientas, asumimos sobre los demás. Piensa en Facebook. Si sale con alguien, tiene novia. O en Twitter. Tiene muchos followers, es exitoso. Entre otras.

Hace unos días, hicimos una dinámica en BANG! en la que nos preguntamos los “por qué’s” de nuestro actuar. Me ayudó a recordar buenos momentos de los inicios de la agencia, hace más de 3 años.

Cuando comenzamos, cada situación y cada proyecto era un nuevo reto totalmente desconocido por nosotros. Mantener esa actitud de novato, nos ayudó muchas veces a enamorar a nuestros clientes. 

Pensando en los factores de éxito, recopilé 3 tips que te pueden servir para sostener esta conducta:

Pregunta los porqués

Además del tradicional brief o entrevista inicial con tus clientes, siempre es bueno hacer más preguntas. ¿Por qué?, ¿por qué piensas que es la mejor manera?, ¿por qué no comenzamos de nuevo?, ¿por qué buscas ese objetivo?, ¿por qué le debería importar a tu mercado?

También recomiendo, entre paréntesis, pedir teléfonos, celulares, cuentas de msn, gtalk, skype y lo que haga falta para siempre estar en comunicación.

Mantén una curiosidad de niño de 3 años

Esto lo vi en un video de TED. Es impresionante ver cómo los niños juegan con los objetos, cómo es su proceso de conocimiento ante lo desconocido, cómo utilizan todos los sentidos para ir adquiriendo más y más información. Así es la filosofía. Recuerdo que los antiguos filósofos mantenían esa actitud de asombro ante la vida.

Reta las convenciones

En prepa, hice mi monografía sobre la teoría de Las Revoluciones Científicas de Thomas Kuhn. Según él, la historia de la ciencia está marcada por largos periodos que él denomina “ciencia normal”, y que se ven sistemáticamente interrumpidos por cambios bruscos de una teoría a otra. A estas interrupciones las llama “revoluciones científicas”.

Esta teoría me dejó marcado. La vida es así. Cuando buscas el cambio, cuando quieres ser creativo, deberías hacer revoluciones ante lo preestablecido. Retar las convenciones y hacer todas las cosas nuevas.

6 modos (no consumistas) de ayudar esta Navidad

Photograph by Stephanie Sinclair, National Geographic

Estamos en la recta final del año. La temperatura desciende, pero aumenta el tráfico, el consumismo y especialmente aumenta “la chamba”. Miles y miles de clientes quieren acabar sus proyectos. Se escucha por los pasillos “¡estoy ocupadísima!, hablamos al rato”.

¡Qué irritante! Es tiempo de dar, de “empatizar”, de escuchar.

Les presento 6 modos (no consumistas) de ayudar a alguien esta Navidad.

+ Invítala a comer
+ Revísale sus proyectos y coméntalos
+ Envuelve un regalo por ella
+ Escúchala activamente
+ Regala un cobertor o unos zapatos que ya no uses
+ Cómprale un chocolate

Practicar pequeños actos de generosidad, harán que te sientas mejor y más productivo. La explicación es que se libera serotonina en tu cerebro, que es como una pequeña dosis de felicidad. De hecho muchos anti-depresivos lo que hacen es liberar serotonina.

Lo mejor de compartir es que incentivas a los demás a que también lo hagan. Imagina un mundo en donde todos hagamos una pequeña acción diariamente.